viernes, 21 de septiembre de 2012

Reflexiones sobre el analfabetismo digital en México


El analfabetismo digital no es únicamente una cuestión de información o ignorancia sino que puede tener implicaciones sociales más acentuadas, ya que no sólo se limita a agrandar la brecha entre los que están informados y los que no, sino que también es un ejemplo del rezago que puede existir en los diferentes estratos de la sociedad y de la perpetuación de la pasividad de las clases sociales que viven oprimidas por los gobiernos. Es evidente que las personas que tienen acceso y dominio del internet pueden exponerse a varios puntos de vista sobre los asuntos que ocurren en sus países y cuentan, de esta manera, con el conocimiento para decidir de una forma diferente, lo cual no ocurre con aquellos que no pueden acceder ni manejar estas tecnologías, principalmente las clases bajas, que son la mayoría en México. Por ejemplo, al no estar al tanto de los puntos de vista sobre acontecimientos políticos y sociales que vayan más allá de lo que muestra la televisión mexicana abierta, la mayoría de la población sigue condenada a adoptar las versiones oficiales o la forma de ver las cosas que sólo esté en concordancia con los interéses del grupo político en el poder o de las empresas televisivas y monopólicas, lo cual ha sido un factor imprescindible para que exista una suerte de aceptación pasiva ante el hecho de que el partido político que gobernó por más de setenta años y que mantuvo al país en el subdesarrollo y en la perpetuación de la pobreza y el agrandamiento de la riqueza de unos pocos vuelva a gobernar a sus anchas. Caso contrario en países como Egipto o Libia que, aunque con una menor población y con economías cuyo tamaño está muy por debajo de la de México, el uso masivo de las tecnologías de información y las redes sociales posibilitó que gobiernos dictatoriales que habían estado en el poder por décadas se desplomaran en unos cuantos meses, mostrando así el poder social que pueden ejercer el internet y estas tecnologías en la configuración de la política y de la transformación social de los países.

Sin embargo, aun y cuando el nivel de penetración porcentual de las tecnologías de información en la población mexicana está todavía por debajo de la media mundial, movimientos como el de "Yo soy 132" han mostrado que pueden forzar a otrora intocables poderes fácticos a realizar algunos cambios, tal como ocurrió en el pasado segundo debate para la carrera presidencial en el que, ante la presión mediática a la que se vieron sometidas por este movimiento a través de las redes sociales y el internet, las televisoras tuvieron que transmitir aquel debate en cadena nacional y en horario estelar. Este nuevo fenómeno en México invita a la reflexión, toda vez que es esperanzador pensar sobre qué alcances de cambio social existirían si las teconologías de información llegaran a un mayor número de personas y éstas no sólo las dominaran sino que reconocieran el potencial de cambio que pueden presentar. ¿Será posible, por poner un ejemplo, que ante una presión mediática y gigantesca con estas nuevas tecnologías las empresas monopolizadoras y que obstaculizan el progreso de la economía mexicana se vean también forzadas a incorporar nuevas prácticas que hicieran más asequible a otros competidores el ingresar al mercado mexicano?, ¿o que las instituciones públicas se volvieran más eficientes y menos corruptas?. Estas interrogantes sólo serán contestadas si en México se logra disminuir o erradicar el analfabetismo digital.